Los modernos están desfasados. Por qué es necesario que todo cambie para que nada cambie



 


Occidente. La posmodernidad. Vivimos en una eterna búsqueda de la novedad. Lo mas importante en nuestra vida es no quedarnos nunca atrás. Todo lo que no sea un comienzo radical en la historia de la humanidad, es tachado de viejo, caduco y senil, y lo radicalmente nuevo, sin aparente conexión con el pasado es bueno en si mismo. Paradójicamente ese futuro que se vislumbra en la red a la velocidad de la luz, nos está devolviendo los monstruos mas abominables del fascismo y de la tradición más oscura y ortodoxa. Y es que la ruptura total es el disfraz con el que el capitalismo mas salvaje tontea con el anarquismo y las vanguardias.

Así les pasó a los Sex Pistols y casi todos los movimientos que prometían acabar con todo de una manera fácil y pueril. La idea del punk era una radicalización de la contracultura, pero fue utilizada también por ciertos sectores de poder, interesados en desmembrar esa misma contracultura que había creado en los 60 una resistencia única contra cualquier forma de poder. Para ello, había que evitar que las convicciones y logros revolucionarios de la generación hippie arraigasen en la generación posterior, utilizando el punk, como una excusa para romper con todo lo viejo, en una especie de dialéctica hegeliana.  Si la generación anterior había roto con todo, ésta tenía que llevar la ruptura al absurdo, transformarla en un fin en sí mismo, para que a la vez fuera la máxima afirmación del orden establecido.


Esos señores que dominan el mundo contemplaron como la juventud de los 60 como una amenaza, pero en vez de reafirmarse en su visión autoritaria, adoptaron la lógica del adversario, utilizando la ruptura con todo orden a su favor, despojándola de cualquier contenido y sentido, quedándose con un choque tan poco ideológico en sí mismo, como el generacional, que era el mismo en el que se basaba la crítica a la que ellos fueron sometidos, solo que ahora era lanzada contra la propia contracultura.

De esta manera los grupos de poder establecidos de toda la vida, habían ganado mucho terreno en la cultura popular de masas, y esta vez no mediante el adoctrinamiento y la represión, sino mediante todo lo contrario, utilizando a la propia modernidad y las ansias de transformación en su propia contra. Y así cada nueva generaciòn luchando a favor de lo establecido con eslóganes y actitudes pretendidamente rupturistas. Cientos de grupos se habían adherido a esta tendencia aceptando las premisas del mercado y entendiendo esto como un sesgo identitario generacional. Sin embargo, la realidad del punk no mediático era otra, y la mayoría de los grupos creados mas allá de la moda, tenían vínculos directos y se declaraban herederos de la cultura de la resistencia y del rock clásico que los medios intentaban destruir. 

Por eso, atención cuando una publicación de tendencias nos intenta deslumbrar con un cambio radical y nihilista, vendiéndote que si no te adhieres a él eres un intransigente, o tal vez eres incapaz de entender los cambios generacionales o el paradigma del momento. El mundo y el mercado funcionan así. Hay una confusión muy grande entre la revolución social, y la idea de revolución utilizada por el propio poder, para luchar contra cualquier cambio por medio del cambio continuo. Lo que se intenta proyectar generalmente es que las revoluciones pasan, que tienen fecha de caducidad, que lo que valió para una generación ya no valdrá para la siguiente, y por lo tanto, que no hay valores estables, ni grandes convicciones que perduren a lo largo del tiempo. Por lo tanto, si quieres seguir siendo rupturista tendrás que aceptar el nuevo paradigma o morir. Aplaudamos siempre lo nuevo para que todo siga igual.



Fiesta Aplasta tus Gafas de Pasta en Vaciador

¡El viernes 7 de Abril hay una nueva fiesta Aplasta tus Gafas de Pasta!






Ya se acerca la fecha de una nueva fiesta Aplasta tus Gafas de Pasta. Después de un año de actividad frenética, en el que hemos editado el disco de Esquimales y tres recopilatorios, además de haber organizado dos fiestas, nos disponemos a celebrar por todo lo alto que el underground sigue recuperando plataformas, redes y lugares de encuentro donde poder generar discursos críticos y alternativos al pop hegemónico. Será el próximo 7 de abril en Vaciador. Comenzaremos muy pronto, sobre las 19, y a esa hora tendremos un breve encuentro de fanzines organizado por Andrea Galaxina, que tiene como fin que nos conozcamos y pongamos las bases para celebrar un futuro festival de autoedición independiente en la ciudad. También habrá una pequeña feria, en la que quien quiera podrá vender sus publicaciones, en ella además presentaremos un nuevo número de nuestro fanzine Juventud Crónica.

Si quieres apuntarte para vender tus fanzines durante la fiesta puedes hacerlo rellenando este Formulario.





A continuación comenzarán las actuaciones. En primer lugar tendremos a Cosmo K, uno de los grupos de pop mas interesantes surgidos en Madrid en los últimos años. Reivindicando el espíritu DIY, los fanzines, el indiepop primigenio como actitud, y sobre todo las canciones, poniendo la maestría y el saber hacer, fuera de las fórmulas del indie normativizado para su consumo en festivales.






Y para terminar la tarde-noche, tendremos la suerte de contar con Billordo, un artista argentino representante de ese under latino, que tanto nos fascina en los últimos años, y que continua su gira mundial en Madrid. Lleva el antifolk o antipop como una forma de vida, cantando solo con su guitarra a través de todo el mundo, con un humor único, sobre los problemas y ventajas de ser un outsider, con todo lo que ello implica, aunando la crítica hacia el negocio de la música, a cómo nos organizamos, más allá del circuito de festivales, e incitándonos a tomar postura frente a cuestiones que relacionan formas de hacer musicales con la política y la sociedad que nos rodea. 



Indie y trap. Amor a primera vista




El trap, uno de los fenómenos músico-virales de los últimos años, ha tenido dentro del mundo indie-hipster a muchos de sus mas fervientes entusiastas, mucho más incluso que géneros supuestamente cercanos como el hip hop. ¿A qué se debe esta curiosa aceptación entre géneros que están tan alejados? Para resolver esta pregunta es necesario entender que ambos, trap y cultura indie-hipster escaparon del tejido real que sustentaba sus escenas de origen, hip hop en el caso del trap, pop-rock independiente en el otro, para propagarse mediante fogonazos en el ámbito de tendencia, y allí se han encontrado.

Los indies cansados de años de Animal Collective y electrónica pusilánime y heteroaburrida, reclamaban con anhelo la espontaneidad de la juventud y una rebeldía adecuada a los tiempos neoliberales que corren. Marginalidad pero sofisticada, no la guarrería del punk, el hip hip callejero politizado, o del jevi calimochero, eso nunca. El trap en españa, inicialmente tuvo su eje difusor en  colectivos reales, muy localizados, concretamete en cataluña, pero la difusión en red, instantánea y transversal propia de la era millennial, evitó la generación de un posible movimiento de militancia underground a largo plazo, y permitió en poco tiempo, que el trap pasase de ser un fenómeno exclusivamente juvenil y marginal, a ser difundido y asimilado con entusiasmo, por capas de población más madura y de clase media alta.  Así se dío un curioso maridaje. entre la pobación inmigrante y multicultural de barrios como el Raval de Barcelona y los nuevos vecinos blancos y con dinero, que contemplaban lo marginal como un modo de vida cool, una oportunidad para emprender en negocios alternativos y vivir una vida arriesgada y alejada del establishment.

Ambos ambitos culturales hermanados, son dos caras de la globalización, la de los ganadores y la de los perdedores, esta vez unidos por un sueño, una oportunidad para petarlo. El ejemplo de estos chavales fue revelador para la modernidad neoliberal sin complejos, sin miramientos, sin contemplaciones, sin impuestos. Quieren putas, quieren pasta, quieren drogas, quieren comerse el circuito de festivales de tendencia y se la suda el rancio arcaico y purista hip hop, tanto como a los indie-hipsters se la suda el Popfest o los viejos Teenage Fanclub. Por lo tanto, estas dos culturas aparentemente antagónicas, son dos caras de la misma moneda, y forman parte de un engranaje que funciona a la perfección en el mundo de lujo y miseria que nos promete este siglo 21. Globalización y nacionalismos, fascismo y anarquía en un todo complementario e indiscernible, en definitiva, la era de Donald Trump y la posverdad.

Por eso, el amor ha sido a primera vista. Hay que molar, hay que ser reconocido en el mundo millennial, hay que estar con el trap, el trap salvará al indie y así el mundo indie-hipster seguirá teniendo la hegemonía blanca, occidental, heteropatriarcal, capitalista, el reconocimiento, y además el beneplácito de la marginalidad de su parte. Peluquerias en el Primavera Sound te harán el peinado de Yung Beef mientras ves a Los Planetas. Una marginalidad construida por quien pone la pasta.





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